Tema de discusión:
Razones
de la decadencia
de las milongas
en Montevideo
¿Vamos en camino de la desaparición de las milongas en nuestra ciudad?
¿Qué es una milonga?
Del libro
Radiografía de un Encuentro
La soledad
peligrosa compañera
un relato de Zulema Varela
Primer Premio
en el Concurso Literario de
cuentos breves
del Club de Tango "Sueño Porteño"
Noviembre 2009.
La soledad era su inseparable compañera
desde hacía un tiempo.
Siempre le tuvo miedo. Siempre la imaginó como una enemiga invencible.
Era como un fantasma infaltable, que aparecía para agobiarlo, para obligarlo a quedarse, a aislarse…
Por eso
este era un día como todos
monótono, gris, rutinario.
Tal como se iban presentando todos los días, desde hacía un tiempo.
Pero en su interior, no podía evitar un leve cosquilleo, que no lo abandonaba.
Seguía por impulso el consejo de un amigo, que la había deslizado al pasar, al oído:
No dejes de ir
porque este Sábado
se pondrá lindo…
Sin embargo y a pesar de la recomendación, no albergaba demasiadas esperanzas, acerca de cómo podía transcurrir esa noche.
Es más persistía la fuerte idea de abandonar el intento y rápidamente quedarse en casa, tranquilo, sólo, tal vez triste, pero seguro que no iba a volver como siempre con esa extraña sensación de nada, que inevitablemente aparecía y que se estaba volviendo patética.
Además como siempre, tendría como recurso la tranquilidad que aportaba la soledad, como máxima garante para evitar posibles desilusiones…
Pensaba, “soldado que huye o soldado que se esconde sirve para otra batalla”.
Y seguía pensando…¿Qué iba a hacer?
Todavía no estaba decidido.
Se debatía entre ir o no ir.
Son largas cavilaciones que lo acompañaban persistentemente, imposibles de evitar que estaban allí siempre torturándolo…
Pero a pesar de todo, algo iba cambiando en su interior…
Era esa sensación que aparecía repentinamente como una tormenta de verano y que desde hace un tiempo se presentaba sin darle tregua, pareciera que para desvelarlo, o para tenerlo angustiado y en vigilia
Resignado y sin oponer resistencia a este nuevo síntoma en su estado de ánimo empezó a fantasear…
¿Y, si ésta vez se le daba? -¿Y si por fin estaba ella?
¿Y si fuera así y no iba y la perdía otra vez?
Total. ¿Que le costaba intentarlo? Si lo máximo que podía pasarle era una desilusión más y van?
A decir verdad, también lo torturaba una imagen que aparecía seguido en el recuerdo, desde hace un tiempo, huidiza, lejana, pero adorable y que no la podía olvidar…
Era una mujer con la que sólo pudo bailar una tanda y que después se fue sin dejar rastro, ante su mirada desesperada.
Hasta llegó a pensar que había ocurrido algo que la había ofendido.
Desde entonces sintió que una extraña y peligrosa fascinación se iba apoderando de él, como si estuviera volviéndose loco.
Y cada vez que entraba a una milonga iba en su búsqueda…
¿Qué era ese temblor interior que no lo abandonaba?
¿Qué era esa imagen recurrente, que se mezclaba con su propia historia como si se conocieran?
¿Por qué su corazón latía descontrolado ante la sola idea de volverla a ver?
Entró a la milonga, ese Sábado siguiendo un impulso inevitable…
Se sentó y empezó a observar a las mujeres, que sentadas pacientemente esperaban que alguien las saque a bailar.
Algunas ante la distracción de los hombres, tomaban la iniciativa y les cabeceaba...
Muchas parecían enojadas, porque no bailaban. Y no pude evitar sentir pena, por ellas y por él.
Se podría decir
que todos esperaban a alguien…
Y que ese alguien esperado
posiblemente no iba a venir nunca.
Le impresionó el candor de la mujer esperando para poder bailar unas tandas…
De pronto se encontró bailando con una mujer que había sacado automáticamente, casi sin pensarlo, por inercia.
Y ya se estaba preguntando como tantas veces. ¿Qué hacía ahí?
En las vueltas de un vals que bailaba desganado, se sobresaltó mucho cuando su mirada se encontró con la profundidad de unos ojos que giraban dulcemente, en brazos de un afortunado compañero. La reconoció de inmediato.
Presintió que tal vez la vida le estaba dando una oportunidad…
Se fijó donde estaba sentada e hizo algo, que hasta a él lo sorprendió…
Como si hubiera dado un salto al vacío, como si la conociera desde siempre, no dudó en acercarse…
Y se encontró mirándola emocionado mientras le tendía la mano en una particular invitación a bailar.
Y tembló cuando una mano suave, frágil respondía a su pedido, anunciando el abrazo que los encontraría siempre juntos... Nunca se animó a preguntarle, por qué esa noche creyó ver una lágrima en sus ojos, cuando bailaron la primera tanda.
Zulema Varela.
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